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Suben fuerte las tasas de bonos de EE.UU. y las tecnológicas: ¿riesgo para la economía global?

Los rendimientos reales de los bonos a largo plazo alcanzaron niveles de hace más de 15 años por el fuerte endeudamiento de gobiernos y gigantes de la IA. Analizamos si esto amenaza el crecimiento mundial y los mercados.

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Red neuronal abstracta con nodos de luz conectados
(CC BY 4.0 — libre difusión con atribución a Q Company)

Los costos de financiamiento en los principales mercados del mundo subieron a su nivel más alto en más de una década. Tanto los gobiernos como las grandes empresas tecnológicas, especialmente las que invierten fuerte en inteligencia artificial, están emitiendo una gran cantidad de bonos. Esto genera más competencia por el capital disponible y empuja las tasas al alza.

En Estados Unidos, los rendimientos reales de los bonos del Tesoro a 30 años se acercan a máximos de 18 años, rondando el 3%. Este jueves, el país pagó en una subasta de bonos a 30 años una tasa del 5,22%, la más alta desde 2001. En Europa, los rendimientos a 10 años de Reino Unido y Alemania también están en sus niveles más elevados en más de diez años.

Del lado corporativo, Alphabet (la casa matriz de Google), Amazon y Meta emitieron casi 220.000 millones de dólares en bonos en lo que va del año. Esa cifra ya duplica con creces los 108.000 millones emitidos por estas compañías durante todo 2025, según datos de LSEG.

Los analistas explican que la fuerte emisión de deuda por parte de los "hiperescaladores" de IA, sumada al elevado gasto fiscal de los gobiernos, está generando una competencia inédita por el capital. Los inversores exigen tasas más altas para comprar bonos soberanos en lugar de los corporativos.

El déficit fiscal de Estados Unidos se proyecta en torno al 6% del PBI (unos 1,9 billones de dólares) para este año. Francia estaría cerca del 5% y Gran Bretaña del 4%. Esta situación estructural mantiene presión sobre los rendimientos.

"Existe una competencia por el capital que no tiene precedentes en los últimos tiempos", señaló Vivek Paul, estratega jefe de inversiones del BlackRock Investment Institute en Reino Unido. Según él, el desarrollo de la inteligencia artificial acelera esta dinámica de escasez de capital, lo que se refleja directamente en la rentabilidad de los bonos.

En teoría, rendimientos reales más altos deberían hacer menos atractivas las acciones, porque los inversores pueden obtener mejor retorno en bonos y los flujos futuros de las empresas se descuentan a tasas más elevadas. Sin embargo, los principales índices de Wall Street siguen operando cerca de sus máximos históricos.

Matt King, fundador de Satori Insights, advierte que las grandes tecnológicas están gastando todo su flujo de caja y cada vez dependerán más del crédito. Recién ahí el aumento de las tasas reales comenzará a notarse en serio. "Esperamos que los rendimientos reales sigan subiendo hasta que frenen el endeudamiento que los ha impulsado", dijo.

Ashok Bhatia, director de inversiones de Neuberger, considera que los rendimientos reales todavía están por debajo del rango del 3-4% donde suelen impactar más fuerte en el crecimiento económico. Aun así, el nivel actual ya funciona como "señal de alerta" de que el crecimiento podría empezar a verse amenazado.

Por su parte, Max Kitson de Barclays señaló que los factores estructurales que impulsan estos aumentos siguen presentes y no hay indicios de que vayan a desaparecer pronto. Los políticos de varios países muestran poco interés en reducir los déficits presupuestarios.

¿Qué significa esto para la economía global?

Por ahora, los mercados de acciones resisten. Pero si los rendimientos reales continúan subiendo, el costo de financiamiento más alto podría terminar frenando la inversión en tecnología, la expansión de las empresas y, eventualmente, el crecimiento económico mundial. Los inversores más cautos ya empiezan a reducir exposición a bonos de largo plazo por la incertidumbre fiscal.

El panorama actual muestra una economía donde la demanda de capital es muy fuerte (IA, déficits fiscales) y la oferta de ahorro no alcanza a cubrirla. Esa brecha se está pagando con tasas más altas. Queda por ver hasta dónde llega esa suba antes de que empiece a enfriar el resto de la actividad.

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