Cómo impactan los nuevos préstamos en dólares en el ahorro y el crédito argentino
La flexibilización anunciada por Caputo permite usar más depósitos en dólares para financiar empresas. Un economista explica cómo esto puede potenciar el régimen de Inocencia Fiscal y qué riesgos implica.
El anuncio del ministro de Economía, Luis Caputo, sobre la ampliación del acceso al crédito en dólares busca que más ahorros que hoy están guardados en el colchón terminen dentro del sistema financiero y se transformen en préstamos productivos.
Según el economista Nicolás Parreira, director de Grupo Sigma, esta medida puede reforzar el esquema de Inocencia Fiscal al mejorar el incentivo para bancarizar los dólares. La idea es que los fondos que entran al sistema no queden inmovilizados, sino que se conviertan en financiamiento para empresas, inversión y consumo.
Hasta ahora, los bancos tenían restricciones fuertes para prestar dólares a compañías que facturan principalmente en pesos. El objetivo era evitar el desequilibrio clásico argentino: empresas endeudadas en moneda extranjera pero con ingresos en pesos que se complican cuando hay devaluación.
El nuevo esquema permite destinar hasta el 15% de los depósitos en dólares a este tipo de créditos, aunque con condiciones más exigentes. Los bancos deberán tener un requisito de capital del 125% sobre lo normal y computarán la exposición por 1,25 veces su valor real. Además, tienen que evaluar la capacidad de pago de la empresa en distintos escenarios de tipo de cambio.
A fines de junio de 2026, los depósitos privados en dólares superaban los 39.000 millones de dólares, mientras que los préstamos al sector privado llegaban a unos 23.700 millones, tras crecer casi 49% en un año. Esto muestra que hay capacidad de ahorro en dólares, pero una parte importante no se canalizaba como crédito.
Sectores como construcción, industria, automotriz e infraestructura podrían beneficiarse al tener una fuente de financiamiento alternativa, sobre todo mientras las tasas en pesos siguen altas.
Para las empresas que tomen estos créditos, hay un paso obligatorio: deben liquidar los dólares en el mercado de cambios para obtener pesos. Eso genera oferta de divisas en el corto plazo y puede aliviar la presión sobre el tipo de cambio. Sin embargo, Parreira aclara que no se trata de dólares genuinos generados por la economía, sino de deuda que se deberá devolver en el futuro.
El principal riesgo sigue siendo el cambiario. Si el dólar sube fuerte, la deuda en pesos se encarece mientras que los ingresos de la empresa pueden no ajustarse al mismo ritmo. Por eso, antes de tomar un crédito en dólares, cualquier compañía debería analizar su generación de caja, nivel de endeudamiento, plazos y capacidad para aguantar devaluaciones.
La medida no resuelve por sí sola los problemas de confianza y seguridad jurídica que necesita el régimen de Inocencia Fiscal, pero puede completar el circuito: más dólares depositados, más crédito disponible y mayor actividad productiva.
En resumen, la oportunidad existe para movilizar los dólares que ya están en el sistema y convertirlos en inversión. El desafío será hacerlo sin repetir los desequilibrios del pasado.