Trámites

Elecciones en Brasil: por qué la extrema derecha no se va aunque pierda

El sociólogo Breno Bringel explica que la extrema derecha se instaló de forma gradual en Brasil y que una victoria electoral no basta para derrotarla. Un panorama del escenario previo a los comicios.

Publicado el

Urna de cartón cerrada sobre la mesa de votación de un aula
(CC BY 4.0 — libre difusión con atribución a Q Company)

Las elecciones presidenciales de Brasil del 2026 llegan en un contexto donde la extrema derecha ya no es un fenómeno pasajero. Según el sociólogo carioca Breno Bringel, estas fuerzas se han instalado de manera progresiva a través de un proyecto de largo plazo que combina redes sociales, iglesias evangélicas, sectores del agronegocio y parte del aparato judicial y militar.

Bringel sostiene que "las extremas derechas se han ido instalando poco a poco en un proceso y en un proyecto de largo plazo", por lo que "no las podemos derrotar sólo con una victoria electoral". Para el investigador, ni la llegada al poder ni la derrota en las urnas marcan el principio o el fin de este movimiento.

Este análisis cobra relevancia porque, aunque Jair Bolsonaro no sea candidato, su influencia sigue presente en buena parte del electorado y en varias candidaturas aliadas. La polarización que marcó los últimos años no desapareció: se reconfiguró. Sectores que impulsaron el bolsonarismo mantienen posiciones fuertes en el Congreso y en gobernaciones clave.

El sociólogo advierte que reducir el problema a una cuestión de ganar o perder en las urnas es un error estratégico. La extrema derecha construyó bases culturales, económicas y comunicacionales que operan más allá de los ciclos electorales. Eso incluye la difusión de narrativas conspirativas, el ataque sistemático a instituciones y la consolidación de una identidad que combina nacionalismo, conservadurismo religioso y rechazo a las políticas de inclusión social.

Frente a esto, Bringel plantea que la respuesta debe ser también de largo aliento: fortalecer la democracia desde abajo, con mayor participación popular, defensa de derechos y construcción de alternativas que respondan a las demandas que la extrema derecha supo capitalizar, como la seguridad, el empleo y la corrupción.

En la práctica, los comicios de octubre pondrán a prueba si la sociedad brasileña logró aislar el extremismo o si este seguirá condicionando la agenda política del país. Mientras tanto, el desafío para los sectores democráticos es entender que una derrota electoral no equivale a una derrota política definitiva de estas ideas.

El caso brasileño sirve de alerta para toda la región. En Argentina y otros países latinoamericanos se observan dinámicas similares de instalación gradual de discursos autoritarios que no dependen exclusivamente de un líder o de un resultado en las urnas. Comprender el fenómeno en su profundidad es el primer paso para poder enfrentarlo con eficacia.

← Volver a Trámites