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Cómo cambiaron las golosinas en Argentina: la revolución silenciosa del kiosco

Las gomitas desplazaron a los caramelos duros, las billeteras digitales reemplazaron las monedas y las ediciones limitadas se multiplican. Así se transformó el negocio de las golosinas en los últimos años.

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Celular mostrando un feed de redes sociales genérico
(CC BY 4.0 — libre difusión con atribución a Q Company)

El mundo de las golosinas en Argentina ya no es el mismo. Lo que durante décadas funcionó con marcas fijas, precios bajos y kioscos de barrio como principal canal, hoy enfrenta una transformación profunda impulsada por cambios en los hábitos de consumo, la tecnología y la forma de pagar.

En los últimos tres años cerraron más de 10.000 kioscos a nivel nacional. Las golosinas ganaron espacio en supermercados, estaciones de servicio y farmacias, pero el consumidor también cambió. Ya no busca solo sabor: quiere una experiencia que lo sorprenda, que involucre varios sentidos y que se renueve constantemente.

La experiencia se volvió tan importante como el gusto

Los sabores ácidos dejaron de ser una moda y se instalaron como categoría estable. Después llegaron las combinaciones extremas que mezclan dulce, ácido y picante en un mismo producto. Los chicos y adolescentes buscan entretenerse con cada golosina, no solo comerla.

La textura también ganó protagonismo. Rellenos líquidos, capas crocantes y espumas permiten crear productos que generan una reacción más allá del paladar. Según Darío de la Vega, gerente de Operaciones Industriales de Golosinas y Chocolates del Grupo Arcor, el objetivo ya no es solo satisfacer el gusto, sino provocar una experiencia distinta.

Gomitas vs caramelos duros: el gran cambio de liderazgo

Uno de los desplazamientos más claros es el de las gomitas, que se convirtieron en el segmento más dinámico del mercado. Permiten lanzar nuevos sabores, formas, colores, rellenos y niveles de acidez sin grandes modificaciones en la producción. Eso les da una velocidad de respuesta que los caramelos duros no tienen.

En Arcor, el mayor productor mundial de caramelos, este cambio se ve reflejado en su portafolio. El Butter Toffees fue durante décadas el ícono de la marca, pero hoy el protagonismo lo tienen las gomitas Mogul. Esta línea nació vinculada a los masticables y hoy agrupa más de cuarenta presentaciones diferentes, funcionando como plataforma de innovación.

Adiós a las monedas y al vuelto

La inflación y la digitalización de los pagos terminaron con un ritual clásico: comprar una golosina con las monedas del bolsillo o recibirla como vuelto. Las billeteras virtuales como Mercado Pago cambiaron el juego.

Ernesto Acuña, vicepresidente de la Unión Kiosquera de la República Argentina (UKRA), explica que se perdió el “redondeo” que beneficiaba a categorías como chiclets y caramelos sueltos. Sin embargo, cuando la gente paga con billetera digital, muchas veces termina gastando más y elevando el ticket promedio.

Innovación al ritmo de las redes sociales

Los lanzamientos ya no siguen los ciclos largos de la industria. Ahora se mueven al ritmo de las tendencias de TikTok, Instagram y las conversaciones entre adolescentes. Las ediciones limitadas se multiplicaron: productos que nacen con fecha de vencimiento comercial, generan expectativa y desaparecen de las góndolas.

Esta lógica se parece cada vez más al mundo de la moda. Algunas novedades cumplen su ciclo y se retiran, mientras que otras, si funcionan, se incorporan al catálogo permanente. Así las empresas mantienen frescura sin descuidar sus marcas clásicas.

La crisis del chupetín

El chupetín, que alguna vez fue rey del consumo impulsivo, atraviesa uno de sus peores momentos. Sufre la caída general del caramelo duro, la desaparición de las monedas y un cambio cultural profundo.

“El chupetín siempre fue una forma de ocupar el tiempo: una espera, un viaje en colectivo, una caminata”, señala De la Vega. Hoy esos momentos muertos los ocupa el celular. La competencia ya no es solo otra golosina, sino las redes sociales, los videojuegos y las apps que capturan la atención de los consumidores.

El negocio de las golosinas en Argentina se reinventa permanentemente. Lo que antes era predecible y estable hoy es veloz, experiencial y digital. Quien quiera seguir en la góndola tiene que innovar todo el tiempo o quedar afuera del radar de un consumidor que ya no compra por inercia.

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