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Se corta una racha de 12 años sin nuevas inversiones en soja

Molinos Agro y ACA invertirán más de US$500 millones en una planta de molienda en Timbúes. El consultor Javier Preciado Patiño analiza cómo la reducción del diferencial de retenciones con el maíz puede revertir la caída de superficie y producción.

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Explotación agrícola en el partido de Junín, Argentina.
(Public domain)

La decisión de Molinos Agro y la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA) de invertir más de US$500 millones en una nueva planta de molienda de soja en Timbúes, Santa Fe, marca el regreso de las grandes inversiones al principal complejo exportador argentino después de 12 años sin ampliaciones relevantes.

La futura planta procesará 15.000 toneladas diarias, equivalente a un consumo anual cercano a cinco millones de toneladas. Según las empresas, la inversión responde a la expectativa de mayor oferta de soja que generará el esquema de reducción gradual de retenciones que empieza en enero de 2027.

Para Javier Preciado Patiño, consultor del mercado de granos, esta movida no es solo un nuevo proyecto industrial. Representa el primer indicio claro de un cambio de tendencia luego de más de una década sin inversiones significativas en el complejo sojero.

“Se corta así una racha de 12 años sin nuevas inversiones en el complejo de la soja”, destacó el especialista.

Por qué la soja perdió terreno frente al maíz

Preciado Patiño explica que para entender el presente del cultivo no alcanza con mirar las retenciones de la soja de forma aislada. La clave está en el diferencial con el maíz, el principal cultivo de verano que compite por la misma superficie.

A principios de siglo la producción de soja rondaba los 30 millones de toneladas. En los 15 años siguientes creció hasta alcanzar el récord de 61,4 millones de toneladas en la campaña 2014/15. En ese mismo período se construyeron plantas que agregaron capacidad para procesar 47.000 toneladas diarias.

Desde entonces la producción retrocedió (con las sequías como factor adicional) y hoy se ubica en torno a los 50 millones de toneladas. Mientras tanto, competidores regionales seguían creciendo y la industria local quedó con capacidad ociosa que, en parte, se cubrió importando soja paraguaya.

El rol del diferencial de retenciones

Según el consultor, el factor principal fue el aumento de la brecha entre las retenciones de ambos cultivos. Tras la salida de la convertibilidad la diferencia era de solo 3,5 puntos porcentuales. Luego subió a 15 y, desde fines de 2015, llegó a 30 puntos.

“Evidentemente, el diferencial de 30 puntos porcentuales altera la ecuación de los márgenes brutos”, señaló. Como resultado, la superficie de soja cayó de 20,5 a 16 millones de hectáreas, mientras que la de maíz subió de 6,9 a 10,6 millones de hectáreas.

Esa pérdida de 4,5 millones de hectáreas, con un rinde promedio de tres toneladas, equivale a resignar unos 12 millones de toneladas de soja. A eso se sumó la falta de una ley de semillas que incentive innovación y la escasa promoción de la fertilización, lo que impidió compensar la menor área con mayor productividad.

Hacia una brecha más equilibrada

El esquema vigente ya empezó a corregir esa brecha. Bajó primero a 16,5 puntos y hoy se ubica en 15,5, nivel similar al de diciembre de 2015. Si el cronograma se mantiene, el diferencial podría llegar a 13,5 puntos en 2027 y a 9,5 puntos hacia fines de 2028.

“Se empieza a corregir el sesgo antisoja —dicho sea de paso, el principal complejo exportador argentino— que estuvo vigente a lo largo del siglo”, afirmó Preciado Patiño.

El especialista considera que lo ideal sería que ambos cultivos enfrenten el mismo nivel de derechos de exportación. De esa forma, la decisión del productor respondería solo a criterios agronómicos y económicos dentro de su esquema de rotación.

Cambio de narrativa y perspectivas

Preciado Patiño recordó también cómo cambió el discurso público sobre la soja. En las décadas de 1960 y 1970 se la presentaba como una alternativa positiva para salir del monocultivo de maíz, por su capacidad de fijar nitrógeno y mejorar los suelos. Treinta años después, pasó a ser “el demonio” al que se castigaba con retenciones más altas.

La nueva inversión de Molinos Agro y ACA aparece como una señal concreta de que la industria apuesta a un nuevo ciclo. Si la brecha de retenciones sigue reduciéndose, el consultor estima que podrían revertirse parte de las decisiones productivas que en la última década modificaron el mapa agrícola argentino.

Para 2026, la Bolsa de Comercio de Rosario proyecta que las seis principales cadenas del agro aportarán en concepto de derechos de exportación unos US$4.613 millones, prácticamente sin cambios respecto de 2025 y un 50% por encima del mínimo de 2023 (año de la gran sequía). La soja sigue siendo el principal aportante, con US$3.275 millones.

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