OLI INTA: la primera papa editada genéticamente de Argentina que no se pone negra
El INTA Balcarce lanzó OLI INTA, la primera variedad de papa mejorada con edición génica que evita el pardeamiento enzimático. Ya está inscripta en los registros oficiales y promete reducir pérdidas en la industria procesadora.
El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) presentó oficialmente OLI INTA, la primera papa editada genéticamente del país que no se oxida ni se pone negra al cortarla o golpearse. La variedad ya fue incorporada al Registro Nacional de Cultivares y al de Propiedad de Cultivares del INASE, tras su publicación en el Boletín Oficial.
El desarrollo fue liderado por el Laboratorio de Agrobiotecnología del INTA Balcarce, con participación del CONICET y financiamiento de Procisur y FONTAGRO. La científica Gabriela Massa, responsable del proyecto, explicó que el trabajo consistió en identificar el gen que codifica la enzima polifenol oxidasa y desactivarlo. Sin esa enzima, la papa no genera los pigmentos oscuros que aparecen cuando se daña el tejido.
"Simplemente estamos apagando, inactivando una región del genoma propio de la papa", resumió Massa. Esta precisión marca la diferencia clave con los organismos transgénicos: no se incorpora material genético de otra especie, solo se desactiva algo que la planta ya tenía. Por eso, desde el punto de vista regulatorio, queda fuera de las restricciones que aplican a los transgénicos en muchos países.
¿Por qué importa esta papa? En la cadena de valor, cada golpe o corte genera pérdidas. Una partida con muchos moretones se descarta o recibe descuentos importantes. Con OLI INTA, se reduce el desperdicio tanto en el campo como en la planta procesadora, lo que se traduce en mejor precio para el productor y mayor eficiencia para la industria.
Además, ayuda a cumplir con las exigencias ambientales y de trazabilidad de los mercados de exportación, donde el desperdicio de alimento cada vez se penaliza más.
Ventajas para la industria de papa procesada
Argentina produce entre 2,1 y 3 millones de toneladas de papa por año. De ese total, unas 11.000 hectáreas se destinan específicamente a la industria de papa prefrita congelada, que genera alrededor de 320.000 toneladas anuales, con más del 70% destinado a exportación.
El sudeste bonaerense (Balcarce, Tandil, Lobería) concentra más del 40% de la superficie nacional y es el corazón tanto de la producción como de la industria. Allí operan McCain (que en 2025 anunció una inversión de u$s100 millones en su planta de Balcarce), Lamb Weston (que inauguró su planta en Mar del Plata en octubre de 2025 con más de u$s300 millones) y PepsiCo.
Precisamente para esta industria es que OLI INTA llega en el momento justo: reduce el daño mecánico y mejora la calidad de la materia prima que necesitan para mantener la competitividad exportadora.
Un marco regulatorio pionero
Argentina cuenta desde 2015 con una normativa específica para las nuevas técnicas genómicas, lo que le da una ventaja frente a muchos países que recién ahora están definiendo sus reglas. Hace pocas semanas, el Parlamento Europeo avanzó en un nuevo marco que también excluye a estas técnicas de la categoría de transgénicos.
La inscripción de OLI INTA es, además, la primera de una especie vegetal editada genéticamente en toda la región. Eso posiciona al país como referencia para otros socios sudamericanos.
La edición génica permite trabajar sobre variedades comerciales ya exitosas, haciendo cambios muy puntuales sin tener que volver a empezar todo el proceso de mejoramiento tradicional. En un cultivo como la papa, donde los márgenes son ajustados, esta velocidad de desarrollo es clave.
El consumo per cápita de papa fresca en Argentina ronda los 52 kilos por año, uno de los más altos entre las hortalizas. Con esta nueva variedad, tanto el consumidor de papa fresca como la industria de snacks y prefritos pueden beneficiarse de un producto más resistente y con menos desperdicio.
OLI INTA no es un desarrollo de laboratorio aislado: combina ciencia básica con un problema concreto de la producción y la exportación. En un contexto de recursos limitados para los organismos públicos, demuestra por qué la investigación aplicada sigue siendo estratégica para el agro argentino.