Por qué la apreciación del peso no está hundiendo hoy la balanza de pagos
El déficit de cuenta corriente proyectado para 2026 es de apenas 0,8% del PBI pese a un tipo de cambio real históricamente apreciado; cuatro factores explican la diferencia con 2017.
El saldo de la cuenta corriente proyectado para 2026 es de apenas 0,8% del PBI, pese a que el tipo de cambio real está en niveles que históricamente se asociaron a mayores faltantes de divisas (según IERAL para la Fundación Mediterránea). Ese dato es la clave de la nota reciente: tenemos un peso relativamente apreciado en términos reales pero, por ahora, no se traduce en un déficit externo equivalente al observado en 2017 o 2015.
¿Por qué no hay más faltantes de dólares?
La explicación que propone IERAL resume cuatro factores que, juntos, mitigan la presión sobre las reservas. Primero: los términos de intercambio son un 17% superiores a los de 2017, lo que mejora los precios internacionales que recibe Argentina por sus ventas (según IERAL). Segundo: el ajuste del gasto público explicado en el informe —una reducción cercana a 10 puntos porcentuales del PBI— reduce el déficit fiscal y, por ende, la necesidad de financiamiento externo (IERAL). Tercero: el peso de las exportaciones sobre el producto subió de 11,2% en 2017 a 17,3% en 2025, impulsado por mayores volúmenes en agro, petróleo y minería (IERAL). Y cuarto: la composición de la recuperación privilegia sectores con baja demanda de insumos importados; hidrocarburos, agroindustria y minería demandan menos divisas que una industria manufacturera en auge (IERAL). Estos cuatro puntos, combinados, ayudan a entender por qué el saldo proyectado de 0,8% del PBI es distinto al déficit cercano al 5% de 2017.
¿Es sostenible o es una olla a presión?
No estamos ante una certidumbre: el propio debate entre especialistas muestra prudencia. El Fondo Monetario Internacional, en su staff report, advirtió que el tipo de cambio «está atrasado» y que una mayor flexibilidad será necesaria para absorber shocks externos (FMI). Además, hay riesgos claros: la demanda de dólares para atesoramiento sigue siendo elevada según varios analistas, y un repunte sostenido de la actividad tendería a elevar importaciones de bienes y servicios —lo que podría mermar el saldo comercial favorable— (comentarios recogidos por Ámbito y analistas consultados como Emiliano Libman y Pedro Martínez Gerber). Que hoy la relación entre tipo de cambio real y déficit sea «anómala» no significa que el equilibrio sea estructural; puede ser coyuntural y dependiente de precios internacionales altos y ajustes fiscales que, si se revierten, cambiarán el panorama.
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
Para ahorristas, empresas y hacedores de política hay tres lecturas prácticas. Primera: una apreciación real que amortigua el déficit puede reducir la presión inflacionaria importada a corto plazo, pero también desalienta a sectores exportadores que compiten con importaciones si se consolida la apreciación (riesgo de enfermedad holandesa señalado por el FMI). Segunda: la menor necesidad de divisas para producción —por la estructura exportadora actual— explica por qué las importaciones vinculadas a la producción se mantuvieron planchadas desde inicios de 2025, según consultoras como Equilibra o C-P mencionadas en el informe. Tercera: la vigilancia sobre la demanda de dólares para atesoramiento y sobre los vencimientos de deuda sigue siendo central; si estas variables se aceleran, pueden convertir un equilibrio aparente en tensión real. En definitiva, hoy hay más margen que en 2017, pero con condiciones y riesgos distintos.
Qué mirar de acá en más
Fijate en cuatro series que van a definir si esto se mantiene: 1) la evolución de las exportaciones en volumen y precio (si los precios internacionales caen, la ventaja se reduce), 2) la dinámica de la actividad doméstica y sus importaciones asociadas, 3) la demanda de dólares para atesoramiento y 4) el calendario de vencimientos de deuda pública y privada. Los datos recientes (IERAL, FMI, consultoras) muestran una mejora coyuntural combinada con cambios estructurales en la composición de las exportaciones; entendiendo eso, podemos decir que la situación es mejor que en ciclos previos, pero no exenta de riesgo. Ojo que: la política cambiaria y fiscal seguirá siendo clave para que ese margen no se desvanezca cuando cambien los vientos externos.