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Cómo reconvertir la industria argentina sin perder empleo masivamente

La apertura ya dejó 60.400 empleos industriales perdidos; la discusión es cómo equilibrar normalización, competitividad y paracaídas sociales.

Publicado el 1 de marzo de 2026, 20:05 hs

Se trata de la pregunta central sobre la que discuten economistas y dirigentes: ¿cómo reconvertir la capacidad productiva argentina sin destruir tejido laboral? Entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025 se perdieron 60.400 puestos en la industria manufacturera, según la Secretaría de Trabajo, mientras la economía mostró un crecimiento del 4,4% en 2025, según los análisis citados por La Nación. Esa tensión —crecimiento con destrucción de empleo formal— es la que obliga a pensar la política económica en dos planos a la vez: macroestabilidad y parches micro para empresas y trabajadores.

¿Qué pasó hasta ahora?

La transición de un régimen económico con protecciones y tasas reales negativas a una economía más normalizada cambió rentas y precios relativos, y dejó empresas sin escala ni incentivos para competir, según varios economistas consultados. El uso de la capacidad instalada industrial estaba en torno al 53,8% según el Ieral de la Fundación Mediterránea, un síntoma claro de planta ociosa y pérdida de competitividad. Al mismo tiempo, la apertura redujo costos de insumos y presionó precios a la baja, lo que ayudó a la desinflación pero también aceleró la pérdida de empleo formal en sectores protegidos. Además, según EcoGo, las importaciones de China crecieron cerca de 60% el último año, algo que acentúa la competencia sobre bienes industriales sensibles.

¿Se pueden amortiguar los efectos?

Aquí chocan dos prioridades: desinflación y preservación de empleo. Algunos, como Marina Dal Poggetto (EcoGo), advierten que abrir con un tipo de cambio 'atrasado' elevó el costo social y que una corrección cambiaria más alta podría proteger empleos aunque retrase un poco la desinflación; ella compara el índice cambiario actual con una base 100 y lo ubica en 88. Otros, como Dante Sica, ponen el foco en la microeficiencia: dice que la agenda es de empresa por empresa y que la carencia de crédito impide la reconversión productiva. También hay una queja compartida sobre la secuencia: bajar aranceles antes de reducir impuestos distorsivos puede dejar al sector productivo sin compensaciones; Vasconcelos califica esos impuestos en torno al 8% del PBI como una restricción que hay que abordar.

¿Dónde se crearán los empleos que faltan?

Varios economistas coinciden en que no será la misma industria de antes la que absorba a los trabajadores desplazados. Agustín Etchebarne calcula que la manufactura ocupa hoy alrededor del 14% del empleo total y que la tendencia mundial es a la baja del empleo industrial por mayor productividad. Los sectores con potencial son servicios intensivos en conocimiento (software, datos, ciberseguridad), agro con cadenas de valor exportables, energía y minería, construcción y hasta data centers para IA en el sur. Pero para que esas actividades escalen hacen falta tres cosas concretas: crédito barato y accesible, un riesgo país más bajo (Etchebarne pide bajar 100–150 puntos básicos) y políticas educativas y de reconversión laboral focalizadas.

Qué pueden hacer las políticas —y qué conviene evitar—

Vemos cuatro prioridades prácticas: 1) secuenciar reformas: bajar tributos a la producción antes o a la par de la apertura de importaciones; 2) crear líneas de crédito público-privadas para reconversión tecnológica y capital de trabajo, porque muchas firmas no tienen acceso a financiamiento bancario para readecuarse (alerta que remarca Dante Sica); 3) montar programas de reconversión laboral rápidos y focalizados en competencias digitales y técnicas; y 4) mantener la estabilidad macro como condición necesaria para inversión a mediano plazo. Ojo que proteger con aranceles generalizados puede ganar tiempo pero no soluciona la falta de escala y productividad. Si la política conjunta logra crecimiento sostenido del 4–5% anual, como remarcan algunos economistas, el dinamismo podría absorber parte del desempleo; mientras tanto, la clave es la secuencia y los 'paracaídas' concretos para empresas y trabajadores.

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