Biotecnología argentina: escala y talento, a la espera de más inversión pública
El país tiene 340 empresas biotecnológicas y ventas por US$1.323 millones en 2022, pero recortes presupuestarios ponen en riesgo la consolidación y la internacionalización.
La biotecnología argentina ya reúne 340 empresas y alcanzó ventas por US$1.323 millones en 2022, pero enfrenta recortes que amenazan convertir ese impulso en una oportunidad desaprovechada (según el Primer Censo Biotecnológico y Nanotecnológico, citado por La Nación, 26/4/2026).
¿Qué peso tiene hoy la biotecnología en la Argentina?
El sector tiene masa crítica: 340 empresas biotecnológicas y 41 nanotecnológicas, con unas ventas por US$1.323 millones y exportaciones por US$216 millones en 2022, según el Primer Censo Biotecnológico y Nanotecnológico citado por La Nación (26/4/2026). Esa base productiva se apoya en 146 plantas productivas, más del 60% certificadas bajo buenas prácticas de manufactura y 27% habilitadas para exportar con normativas internacionales, todo sobre un plantel de alrededor de 20.000 empleados, de los cuales más de 2.000 se dedican a I+D (fuente: La Nación, 26/4/2026). Además, la renovación del ecosistema es clara: el 43% de las firmas tiene menos de siete años, y la biotecnología concentró más del 30% de las rondas de venture capital en 2024, según Arcap (dato citado en La Nación). Ese combo de talento, infraestructura y startups explica por qué la Argentina aparece en los mapas globales del sector.
¿Qué frena su crecimiento?
El principal freno es la financiación pública y la continuidad de la investigación. Según un informe del Grupo EPC-Ciicti, la ejecución de la Función Ciencia y Tecnología del Presupuesto Nacional cayó 11,4% en el primer bimestre de 2026 y, de sostenerse la tendencia, acumularía un retroceso del 50,6% desde 2023; eso se traduciría en una nueva caída de inversión pública del 13,6% en 2026, que se suma a recortes del 30,2% en 2024 y del 18% en 2025, según EPC-Ciicti (informe citado por La Nación, 26/4/2026). Ese ajuste pone en riesgo la sustentabilidad de organismos clave como Conicet, INTA, CNEA e INTI, que el informe estima podrían perder entre 37 y 65 puntos reales en tres años. El resultado es previsible: fuga de investigadores, dificultades para sostener proyectos hasta etapas transferibles y menor capacidad para financiar ensayos clínicos y escalado industrial. Si la política pública no actúa, la ventaja competitiva se erosiona justo cuando la demanda global por soluciones biológicas crece.
¿Cómo convertir la ventaja en escala global?
Si se gestiona bien, la Argentina puede transformar su ventaja —biodiversidad, capital humano y empresas emergentes— en empresas globales. Primero, hace falta más y mejor inversión pública en etapas tempranas: la gran parte de la ciencia básica la financia el Estado, y sin esa base las privadas no tienen de dónde construir (observación citada por actores del ecosistema en La Nación). Segundo, profesionalizar las oficinas de transferencia tecnológica en universidades e institutos para acelerar y transparentar licencias y spin-offs, como proponen Cámaras y company builders. Tercero, construir instrumentos para etapas intermedias y de escala: créditos blandos, garantías y fondos de coinversión que reduzcan el riesgo de internacionalización. La digitalización también acorta tiempos: company builders dicen que hoy se puede arrancar con tickets de US$250.000 (dato citado en La Nación), lo que facilita el surgimiento de startups, pero no reemplaza la necesidad de capital para ensayos clínicos y ramp-up industrial. Un dato global útil: McKinsey estima que cerca del 60% de ciertos insumos físicos podrían producirse mediante procesos biológicos y que hasta el 30% de la carga mundial de enfermedades podría abordarse con soluciones biotecnológicas (McKinsey, estudio sectorial citado por La Nación).
Recomendaciones prácticas y cuidado tecnológico
La apuesta debe combinar ambición y prudencia. Recomendamos aumentar y estabilizar la inversión pública enfocada en transferencia, crear incentivos fiscales temporales para la internacionalización y profesionalizar la vinculación universidad-empresa. Al mismo tiempo, cuando la biotecnología se apoya en datos y herramientas digitales es obligatorio exigir gobernanza: consentimiento verificable para pacientes y donantes, transparencia en el uso de datos, y protección laboral para investigadores ante automatizaciones y externalizaciones. Sin esas reglas, la escala puede venir acompañada de riesgos éticos y de pérdida de capital humano. Sí, la Argentina tiene talento y productos con salida global, pero convertirlo en impacto económico y social requiere políticas claras, financiamiento sostenido y reglas de juego que protejan a las personas y al conocimiento.