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Bancos aceleran cierres de sucursales por mora y digitalización

Los bancos reducen su red ante una mora en alza y más transacciones digitales; implica ahorro de costos pero también pérdida de empleo y acceso presencial.

Publicado el 25 de marzo de 2026, 08:02 hs

Bancos aceleran cierres de sucursales por mora y digitalización

Los bancos están cerrando sucursales a ritmo acelerado porque la mora y los costos apuran ajustes: la mora general del crédito privado llegó al 6,4% en enero, con préstamos personales en 13,2% y tarjetas en 11%, según datos del BCRA reportados por La Nación. Esta combinación —más incobrabilidad y más transacciones digitales— empujó a las entidades a reducir su estructura física mientras incrementan provisiones que erosionan resultados.

¿Por qué se cierran tantas sucursales?

La explicación tiene tres patas: cambio de hábitos, fusiones y presión sobre resultados. Por un lado, los bancos están convencidos de que la afluencia a ventanilla bajó fuertemente y que hoy cerca del 90% de las transacciones se realizan por canales digitales, según declaraciones de entidades citadas por La Nación. Por otro lado, hubo cierres por fusiones (Galicia/HSBC, Macro/Itaú) que evitaron duplicaciones de puntos físicos. Y en lo financiero, las entidades enfrentan mayores provisiones: Pablo Curat (CML&A) explicó que el ratio Previsiones/Cartera Irregular cayó del 159% al 94% en 2025, lo que hace que cada peso nuevo en mora impacte mucho más en el resultado mensual. En conjunto, esto hace que mantener locales con alquileres caros y poca actividad deje de tener sentido.

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

El cierre de sucursales no es neutral para la economía real. La red bancaria que a fines de 2023 contaba con 4.414 sucursales se redujo a 4.336 al cierre de 2024 y a 4.131 hacia fines del último año, según datos oficiales citados por La Nación. Eso va acompañado de pérdida de empleo: 7.683 puestos caídos en dos años, el 62% en el último año, según la misma crónica. El efecto es dispar: en grandes centros urbanos la atención puede migrar a corresponsalías y cajeros; en municipios pequeños y provincias, la falta de sucursal agrava el acceso al sistema financiero y encarece trámites. Además, la mora no es pareja: hoteles y restaurantes, pesca y agroindustria muestran mayores niveles de impago, lo que presiona a los bancos y alimenta una lógica de ajuste focalizado.

¿Qué deberían hacer los usuarios y los trabajadores?

Primero, los usuarios: conviene chequear alternativas antes de que cierre la sucursal. Abrir la banca online, registrar medios de contacto, conocer corresponsalías y cajeros cercanos, y usar la portabilidad para cambiar de banco si las comisiones suben. Ojo que no todo se resuelve con apps: en muchos distritos la presencia física sigue siendo clave para trámites complejos. Para los trabajadores, la recomendación es exigir transparencia en los procesos de reconversión y en las cifras del ajuste; la Unión Bancaria ya declaró “estado de alerta”, y hay denuncias sobre prácticas para abaratar despidos. Para empresas y reguladores, la lección es doble: si la digitalización reduce costos, también hay que garantizar transición laboral y herramientas para que clientes vulnerables no queden afuera.

Perspectiva y qué pedir a bancos y reguladores

Vemos este movimiento como una consecuencia esperable de la digitalización combinada con tensiones macro y financieras; no es solo modernización sino también una respuesta a provisiones crecientes y pérdidas en carteras de bonos. Por eso pedimos dos cosas: transparencia —datos públicos sobre cierres, criterios y planes de atención alternativa— y herramientas claras para la gente: canales sencillos, corresponsalías bien equipadas y políticas para acompañar a empleados desplazados. La digitalización puede ser una oportunidad para mejorar servicios, pero sin reglas claras deja a mucha gente en el medio. Fijate: esto no es sólo un ajuste operativo, es un cambio estructural que merece normas y garantías para usuarios y trabajadores.

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