Por qué el BCRA debe tener un solo objetivo: estabilidad de precios
La teoría económica clásica demuestra que con más objetivos que instrumentos la política monetaria fracasa. El proyecto de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central busca corregir 80 años de errores en Argentina.
La teoría pura de la política económica, desarrollada por Ragnar Frisch y Jan Tinbergen, es clara: para alcanzar un número determinado de objetivos se necesitan al menos la misma cantidad de instrumentos. En condiciones de incertidumbre, que es la realidad diaria, se requieren incluso más instrumentos que objetivos.
Esta idea, que parece obvia, explica gran parte de los fracasos de la política económica argentina desde hace décadas. El proyecto de ley que busca reformar la Carta Orgánica del Banco Central va exactamente en esa dirección: reducir los objetivos del BCRA a uno solo, la estabilidad de precios, para que tenga alguna chance de cumplirlo.
Desde su creación en 1935, el Banco Central tenía como misión principal cuidar el valor de la moneda. Sin embargo, a partir de 1946 se le fueron agregando funciones: promover el empleo, el desarrollo económico, el crecimiento, la inclusión financiera y hasta el financiamiento al sector productivo. Terminó con cinco objetivos y un solo instrumento real: la tasa de interés (o la emisión, según el gobierno de turno).
El resultado está a la vista: una inflación acumulada desde 1935 que supera el 12.800.000.000.000.000.000%. Un número que parece un error de tipeo pero que refleja el fracaso rotundo en su objetivo original.
El teorema Frisch-Tinbergen en la práctica
Si un ministro quiere lograr tres metas, necesita al menos tres herramientas. Si solo tiene dos, debe resignar una de las metas. En la Argentina nadie sobra instrumentos. Al contrario, siempre faltan o no son lo suficientemente potentes.
El caso histórico más emblemático es el del ministro Pedro José Bonanni en 1975. En un discurso televisado enumeró 11 objetivos de política económica y admitió que no contaba con ningún instrumento para alcanzarlos. Duró 21 días en el cargo.
El problema del doble mandato del FED
En Estados Unidos la Reserva Federal tiene dos objetivos: estabilidad de precios y máximo empleo. Su principal instrumento es la tasa de interés. Cuando inflación y desempleo se mueven en direcciones opuestas, la tarea se vuelve imposible con una sola herramienta. La última reunión del FED, con votación dividida y decisión de no mover la tasa pese al conflicto en Medio Oriente, es un claro ejemplo de esta tensión.
En la Argentina el problema fue siempre más grave porque se usó al BCRA como financiador del Tesoro. La reforma propuesta busca cortar esa posibilidad de manera explícita: prohibir el financiamiento del déficit fiscal con emisión.
Qué cambia con la nueva Carta Orgánica
Al concentrar al BCRA en la estabilidad de precios, se busca que haga bien lo único que realmente puede hacer de forma efectiva. El resto de los objetivos (crecimiento, empleo, desarrollo productivo) deben ser atendidos por otras políticas: fiscales, educativas, de infraestructura y regulatorias. No por la impresora de billetes.
Para que esto sea creíble a futuro, la reforma también incluye cambios en el mercado de capitales, en las responsabilidades de los funcionarios que pongan en riesgo el equilibrio fiscal y en el mercado de seguros. La idea es complicarle la vida a cualquier gobierno que quiera “volver a las andadas” de monetizar el déficit.
El equilibrio fiscal que se viene manteniendo es la base para que esta reforma tenga chances de funcionar. Sin superávit primario, cualquier ley es solo papel. Con superávit, se puede empezar a reconstruir la credibilidad perdida durante décadas.
Por qué importa esta discusión
La inflación no es un problema técnico menor. Es el impuesto más regresivo que existe, destruye los salarios, distorsiona las decisiones de inversión y genera pobreza. Un Banco Central con mandato claro y sin obligaciones contradictorias es condición necesaria (aunque no suficiente) para tener una moneda que valga algo.
La reforma no garantiza el éxito. La política económica siempre depende de poder político y credibilidad. Pero sí elimina un error técnico grosero que se repite desde hace 80 años: asignarle al BCRA más objetivos que instrumentos.
Hacer bien una sola cosa antes de intentar hacer mal cinco parece una obviedad. En la práctica, es una revolución para la economía argentina.